Artes

Artes - Blog dedicado a la poesía, música y fotografía

Paula Fernández Morata
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sábado, 24 de octubre de 2009

ÌEsto es vida!




¡Música, luces, belleza y sangre!

Entra en ello. Aférralo con esas manos hastiadas y codiciosas. Apriétalo contra tu corazón muerto. Álzalo hasta labios sin vida y bésalo con una boca que no conoce más que obscenas mentiras. Éste el el vibrar que no puedes sentir.
Ésta es la rabiosa excitación que has olvidado.
Éste es el seductor canto de sirena que te falta.
Ésto es la inspiración. Esto es la vida.



Anonimo con tilde © Copyright

domingo, 20 de septiembre de 2009

Otoño en mi cuerpo




Todo un momento para mirarse con las manos,
cerrar los ojos, embrigarse del cello,
tus dedos que me dibujan
tu melodía es un otoño en mi cuerpo.

Todo se reduce a un nosotros,
un mágico movimiento,
deslizan tus besos en mi cuello,
tus dientes muerden mis anhelos.

Hay una respiración jadeante,
un soplo cálido de aire
y el sueño girándose
enrededor de mil cielos.

Todo se eleva a tu arco prominente
se complace, apenas se detiene,
vuelo en un vaporoso océano
ligadura del mismo cielo.

Tu preludio de enamorado
me estremece en desconcierto,
son las vibraciones de tu cuerpo,
excitación y desespero.

Un dueto, mano a mano,
un otoño, melodía de mi cuerpo.
Tú, dibujando el ensueño
de un yo gimiendo tu concierto.






Paula Fernández Morata © Copyright

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Pobre tonta, tan querida mía


Los sueños abandonados
deshechos en las manos
y el corazón tiritando,
escondido tras su ajado pecho.
Mirándome en sus ojos y la veo,
soy yo, aquello,
despojo humano, invitación a mi reino.
Te veo y no te siento,
como ayer ¿recuerdas?
seguro que sí. Pobre tonta,
no te tengo reclamo pero nunca olvidé tan fácil.
He deseado muchas veces tu muerte
y aquí te veo y no te mato.
Me río, mírate, te estás sonriendo;
y ahora lloras, vamos, no me hagas reír de nuevo
que tú y yo nos conocemos.
De hecho ni lo creo. Sabes,
cuando naciste ni me tomé la molestia en pensarte,
no quise recuerdo de tan bella criatura,
cambiaste,
ahora nos pensamos, y te miras al espejo,
te miras sin mirarte intentando conformarte con lo que ves,
somos tan diferentes alma y mente, boca y sentimiento,
la poesía nos unió, las palabras nos embriagan,
la música nos hace burla y respondemos con tortura,
¡oh que niña tan mala! pobre tonta, que inocente eres,
sí, ya lo creo… te miras al reflejo y robas besos al deseo.
Anda ven a mi regazo y cuéntale al viento, que te escucho,
que te escucho entre tu felicidad y tu tormento
como la sensibilidad nos arrastra y alma nos hace un hueco.


***
Neruda me dijo una vez
que simplemente, tan sencillo y tan complejo
tan sutilmente, naciste para amar, confundida entre hombres y mujeres
con la tierra que implanta y educa los claveles,
y pensar que costó tantas piedras que lleva el río,
la desembocadura del agua de Boroa

(Fechado en mayo)
Paula Fernández Morata © Copyright

martes, 15 de septiembre de 2009

Arcángel

Arcángel

El silencio quedó sellado para siempre. Había pasado bastantes años, más de los que imaginaba, pero él no los cumplía, vivía sin tiempo, sin fechas, sin corazón. Se abandonaría para siempre en las entrañas de un edificio antiguo desde donde podía divisar su ciudad; el puerto, los palacetes, el barrio pobre. Estaba consumido, sin fuerzas, aparentaba un cadáver pálido, con las ojeras azuladas que surcaban su rostro. Y aquellos ojos demolidos, sin color, sin brillo, aquella mirada apagada que un tiempo pasado sí brillo. No hablaba, enmudeció, yo creía que para siempre. Todos los días le visitaba y le traía comida, le curaba las heridas que se hacía. Tengo clavadas en mi mente cada marca de su piel. Todos los días le decía te quiero y él con la mirada perdida fingía no escuchar. Le amaba después de tanto desprecio por su parte y aquella frialdad que reinaba en su rostro.
Desde que la perdió se escondió del mundo. Yo no estaba presente pero cuado los encontré, él decía que había sido un accidente, nervioso lloraba, y entre sus brazos aquella muchacha tan bella, aquella mujer, que le robó el corazón estaba muerta. Pude adivinar un balazo en su cabeza. El revólver yacía a unos metros de la escena y pude comprender mejor.
Sentía pavor de encontrarme con aquel hombre a quien amaba y no sabía si decir si la muerte de aquella muchacha me dolía o me alegraba. Apenas conseguí sentir indiferencia. Ella lo había abandonado y sólo me tenía a mí. Pensé en rehacer una nueva vida junto a él y entregándole mi amor hacerle olvidar. Brilló un rayo de esperanza en mí. Me sentía afortunada por aquella muerte.

Al día siguiente tuvo lugar el entierro. Nadie sospecharía de él. Dijo que había sido un suicidio, que al entrar en la habitación ella le amenazaba con quitarse la vida de un tiro.
Decía aquella muchacha que el demonio la había poseído desde que se enamoró de él, desde que empezaron los juegos de amantes, los besos en los portones de cada calle, los abrazos interrumpidos por las gentes que paseaban, las noches de pasión que se hacían uno solo.

Pero después de aquello, yo no imaginaba lo que me temía, lo que no quería que sucediera; aquel silencio amargo, su consumación, su mirada perdida, su dolor por otra mujer. Yo a veces no podía evitar llorar delante de él por el rencor que sentía. Él no me correspondía, seguía amándola. Aún creía poder despertarlo de aquel sueño en que se sumió para siempre. Cada día, ante mi falta de fe rezaba a un Dios que había creado en mis vanas esperanzas. Él era él.
Un día decidí abandonar a aquel despojo de hombre que quedaba entre las sábanas. Llegué a su silla preferida donde se encontraba aquella tarde. Aún tenía los pergaminos que le traje en blanco y una pluma estilográfica que le compré a sabiendas de que si al menos no hablaba, escribiera. Me arrodillé a sus piernas, le tomé las manos con lágrimas en los ojos. Él clavaba su mirada en la ciudad como todos los días perdido y misterioso. Pude sentir que me miraba de reojo y como si leyese mi rostro dejó caer un soplo al aire – quédate conmigo-. Nuestras miradas se encontraron. Pude avistar una sonrisa amarga en él. Pasé toda esa tarde y noche abrazada a él, sentada en su regazo y me dormí bajo su mirada de niño inocente. Nunca la olvidaré. Escuché su respiración, respiré por su piel, sentí los latidos de su corazón golpeando en su pecho demacrado. De nuevo brillaría una nueva esperanza en mí. Pero yo misma me engañaba. Él sabía que no tenía a nadie más que a mí y si yo le abandonaba lo encerrarían en un siquiatra bajo el aire a muerto que destilan aquellos sitios.
Esa semana comió un poco más de lo que acostumbraba con comida más consistente y mejoró su aspecto. Era domingo, pasaría todo el día junto a él. Le bañé. Recorrí su piel que me sabía de memoria con la esponja lo más suave posible y le afeité. Su gesto había cambiado a menos amargura y aunque aún era frío notaba un tanto de calidez en sus labios.
Aquél día era de invierno, soleado y con un viento helado portando las ánimas perdidas de la ciudad. El sol iluminaba la estancia calentando nuestros cuerpos desnudos sobre aquel sofá acomodado en cama. Me hizo el amor con la poca energía que guardaba. Me robó los besos que nunca comprendí. Sus manos recorrieron mi cuerpo memorizando cada lunar preciado a su mirada encandilada. Respiró por mis poros recordando el aroma que emanaba de mi piel para recordarme para siempre. Esa sería la primera y la última vez que haríamos el amor. Lo hizo con rabia, con furia, como si intentara desahogarse, pero también con pasión y ternura.
A la mañana siguiente cuando desperté abrigada por una mísera sábana me encontraba sola. Me había abandonado para siempre. Dejó escrito unas letras sobre un pergamino enrollado y anudado con un cordel rojo:

Mi arcángel;
no eres merecedora de mis males,
ni de mi amor, ni de mi esencia.
Te abandono yo a ti por que sé
que tú nunca lo harás…

Ni una lágrima derramé por el tremendo impacto que tuvo aquellas en mí. Recorrí la ciudad, sus calles. Todas trayéndome recuerdos, vaivenes de imágenes. Volví por la playa, y creí poder ver lo en el muelle sentado viendo aquel atardecer de enero. Sería mi imaginación.
Llegué a casa, con el frío metido en el cuerpo, donde me habría de desistir con una fiebre grave. Ahora la que se consumía era yo. Aquél último invierno sería el infierno de mis últimos días…

----

Días más tarde, yo; apenas importa mi nombre, la encontraría en su cama dormida para siempre, sin respiración. Encontré estas líneas escritas por la única mujer que de verdad dio su vida por mí y creo que la única que llegó a amarme en su plenitud. La recordaría hasta el resto de mis días para que siguiera viviendo al menos en mí. El egoísmo, la crueldad, la frialdad y la insistencia y no obtener nada nos había matado a mí el primero, a mi querido arcángel y aquella muchacha que llevaba un bebé nuestro en su vientre.
Pensar que tantos días- ¡años!- pasé junto a mi querido arcángel y nunca se llevó de mi labios un gracias o un te quiero. Porque yo la quería, a mi manera, pero lo hacía y en lo más hondo de mi corazón la apreciaba.

Mi arcángel, el día que tu alma se desprendió de tu cuerpo,
aquel día moriría yo para siempre porque aquella vida era yo.


(Fechado: mayo 2009)


Paula Fernández Morata © Copyright

viernes, 11 de septiembre de 2009

Desvelo a un beso.

El desvelo de esta noche me ha sugerido tus besos.
La ausencia que me engaña compañera de la inexistencia.
La muerte que nos miente entre sus telarañas.
Hoy el desvelo me ha sugerido más que besos,
muerte, gélida entre mis sábanas.
El enfermizo dolor a amor no existe,
nos engaña.
Porque el amor, tus besos no hieren...
matan.




Paula Fernández Morata © Copyright

domingo, 6 de septiembre de 2009

Perdida


Perdida. Perdida nada más.
En un mundo de risas y lágrimas que no saben por qué llorar.
Perdida parada frente al mar,
yo miro y no veo nada más que mar,
mi sonrisa si te piensa,
inmensidad
mi lágrima si te sabe a lejanía.
Perdida a veces sin saber actuar,
pensamiento que no piensa.
Labios que me besan sin tocar.
Abrazo frío de un viento atlántico.
Mirada que mata... mi corazón ya no sabe ni nadar.





-Paulus Van Moratem.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

¿Yo? Tú

Yo

¿Una sensación?
tu excitación.

¿Un beso?
mis labios en tu cuerpo.

¿Una caricia?
tus dientes en mi cuello.

¿Una mirada?
tú, serio.

¿Sensualmente?
me encanta.

¿Me encantas?
me matas.

¿Con tus dientes?
Con tus manos.

¿Lo hacemos?
el amor nos hace.

¿Me amas?
Te amo.

¿Te amo?
me amas.

ÉL

¿Una sensación?


¿Un beso?
Mis labios en tu cuello.

¿Una caricia?
Tu mejilla contra la mia.

¿Una mirada?
tu mirada coqueta mientras te abrazo.

¿Sensualmente?
Te amo.

¿Me encantas?
me enloqueces.

¿Con tus dientes?
con tus labios.

¿Lo hacemos?
házmelo.

¿Me amas?
Me adoras.

¿Te amo?
Me matas.

By Paulus y Lucio Meira

Paula Fernández Morata © Copyright

viernes, 28 de agosto de 2009

Sin beso



Atada a tus labios por el espacio de un tiempo sin recorrer...
Miro desprovista de misterio tu imagen... sin pesares.
Sin pensamientos que conlleven al suicidio condenado a ser vivido.

Labios a medias que deshojan besos.

Tus ojos se deslizan por mi cuerpo saboreando lo indebido.
Prohibido si te beso. No. Es mi sueño.
Es tu silencio que me acompaña, caricia de un suave color a espejo.

Te miro, te miro y te veo, y no estás, pero yo te veo aunque sea yo la que pierdo en el silencio del beso que aún espero...



Inocencia marcada en mi rostro,
engaño sin embuste si digo que aún resucito de lo muerto.
Parada y saboreando un sin...
Sentada en el escritorio como otro día pienso,
y pienso sin llorar que mejor no haber pensado en ti.

"No es tarde, nunca es tarde, ¿escuchas?
en la noche se oye el siguiente silencio. Mudo, frágil."
V. Aleixandre

Paula Fernández Morata © Copyright

jueves, 27 de agosto de 2009

Acuarelas son tus ojos



Acuarelas son tus ojos,
no paran de llorar,
es el sentido del desahogo
amor a nado de tu mar.



No me mires por favor,
mira tu imagen,
mira tu color,
gota de vapor.




Pavor es un sueño
que luce sin tu color,
amor de acuarela,
ese es mi sabor.

Paula Fernández Morata © Copyright

martes, 25 de agosto de 2009

Ton baiser


Au piano, moi,
je crie,
je flache sour toi
Je te regarde,
un ombre
ici vienne.

Une touche blanche,
une autre noir,
je saute sour mon mouvement.

Je joue avec toi,
une partition á minuit,
regarde,
ma musique t'enivre,
embrasse moi,
suce ma vie,
moi, je suis ta déesse,
toi, tu est toujours pour moi.

Paula Fernández Morata © Copyright

lunes, 24 de agosto de 2009

Whiplasher bernadotte




-Un órgano canta a las ánimas
esta noche.
En el altar de una iglesia,
cuenta la leyenda que
dos jóvenes hacían el amor.
Esos dos éramos
Tú & yo-

¡Fuerza!
¡Poder!
En tus brazos
saborea la gloria
mi dios.
Quémame con tus dedos,
júrame eterno amor.
Bésame
desgarrador.
Agua bendita de mis labios
Se evapora en tu piel.
Créelo,
Poder.
Erotismo me ardes,
tus venas en cadencia
brotando de sed.

Mis manos en tus pectorales
posándose.

Tus manos en mi espalda
apresándome.

Doble bombo
en nuestros corazones.
Diapasón
agitato con fuoco
Vivace giocoso.

Métal
puro y duro,
gritos nuestros
con orgullo.
Trance,
revolución,
progresivo
-crescendo-
progresivo.

Armonía en el piano
en sus teclas amándonos
tú y yo
-marcato-
enarmónicos gemidos,
arpegios deslizando,
besos con puntillo,
mordiscos descontrolados,
ligadura con espasmos
desbordados.
Pedal sostenido
extasiándome en pasión,
tu voz me enciende,
orgiástica, gritando:

“Voy a jugar contigo a ser dios”



Paula Fernández Morata © Copyright

domingo, 23 de agosto de 2009

Sonríe



¿Una fecha acertada?
Nunca es el momento acertado.
Las fechas no son nada.

¿Una sonrisa congelada?
Congelada en una foto,
una sonrisa enmarcada.

Sonríe,
luego llora.

Paula Fernández Morata © Copyright

sábado, 22 de agosto de 2009

Onaip Kawai Ku-2D

Foto: M

Suenas bello a mis oídos.
Los demás desafinos de sus propios latidos.
Sufres, matas,
sin concordancia me conduces,
tú me embriagas.
Eres mi puño enfrentando batallas,
eres mis lágrimas,
eres mis orgasmos,
eres mis sonrisas.
Ardes de ira,
tu fuego me distrae,
retumban las paredes de cristal,
brillas en el día,
brillas entre oscuridades.
Ríes, amas,
alzas tu melodía al aire
y tus notas me llaman,
al viento impregnas tu recuerdo,
al viento, enamorado me acaricia la espalda.





Paula Fernández Morata © Copyright

viernes, 21 de agosto de 2009



¿He vuelto a perder?


-no sé como hacerte desaparecer. ¿De dónde? te preguntarás. Al menos de mi mente; prefiero no perderte de vista, mirar tus ojos seductores. ¡Qué malos son los deseos que no se cumplen! ¿Me darás ese pequeño lujo de besarte? ¡Qué perversos son mis caprichos! ¿Te los susurro al oido? Me encantas. No me hagas caer, abrázame o sutilmente hazme ver: tú no eres para mí.
¿He vuelto a perder?


Foto: yo (gimp oscuro)
Paula Fernández Morata © Copyright

lunes, 17 de agosto de 2009

Beso Póstumo

Cuando tu cuerpo hizo acto de presencia en el purgatorio, en ese momento, en esos segundos, desvanecieron las formas que idealizaban la realidad. Tú, tu cuerpo, tu alma, acercándose más y más. Y más y más aumentaban los pulsos descontrolados de mi corazón. Y eras tú, sólo tú, el gobernante de mi esperanza. Y mientras te acercabas a mis labios, con un leve soplo llamando a mi nombre, mis ojos se tornaron para cerrarse, sentir el último aliento de mi vida y arder en el deseo de tus manos, yo, ya vencida...

Paula Fernández Morata © Copyright

sábado, 15 de agosto de 2009

Un piano y yo

Un piano, no cualquiera y yo, simple mortal


...Y mi piano desprendió la sonrisa escondida en mis labios,
buscaron los colores la brisa del mar,
una mirada quedó congelada,
una mirada perdida en los tiempos de pleamar,
y mis labios comprendieron lo que es callar...

Paula Fernández Morata © Copyright

miércoles, 5 de agosto de 2009

Oda al ser feliz - Pablo Neruda



ESTA vez dejadme
ser feliz,
nada ha pasado a nadie,
no estoy en parte alguna,
sucede solamente
que soy feliz
por los cuatro costados
del corazón, andando,
durmiendo o escribiendo.
Qué voy a hacerle, soy
feliz.
Soy más innumerable
que el pasto
en las praderas,
siento la piel como un árbol rugoso
y el agua abajo,
los pájaros arriba,
el mar como un anillo
en mi cintura,
hecha de pan y piedra la tierra
el aire canta como una guitarra.

Tú a mi lado en la arena
eres arena,
tú cantas y eres canto,
el mundo
es hoy mi alma,
canto y arena,
el mundo
es hoy tu boca,
dejadme
en tu boca y en la arena
ser feliz,
ser feliz porque si, porque respiro
y porque tú respiras,
ser feliz porque toco
tu rodilla
y es como si tocara
la piel azul del cielo
y su frescura.

Hoy dejadme
a mí solo
ser feliz,
con todos o sin todos,
ser feliz
con el pasto
y la arena,
ser feliz
con el aire y la tierra,
ser feliz,
contigo, con tu boca,
ser feliz.

-Pablo Neruda-





"Soy feliz como puede serlo cualquier otro"
Gabriel Celaya.

martes, 4 de agosto de 2009

Alter Ego-ísmo


Te ves muñeco del hombre y en el fondo malvada te insinúas gloriosa. Eres una diosa y mírate. ¿Quién aumenta tu existencia?
Yo, tus entrañas, tu virilidad, tú, mujer, muñeco del hombre cosechando su obra en pieles necesitadas.
Tus palabras no aprenden, diosa menguada. Él te ama, hombre y único solamente. Ríete de él y odia como los amantes. Eres tú grande, ere tú única ¡Diosa!
Solas.
Tú, maestra de mi sexo, yo, labios de tu presencia.
Gobernadora libidinosa de mi flor imperiosa.
Ríe y llora que tú yo nos quedamos solas.

Paula Fernández Morata © Copyright

lunes, 3 de agosto de 2009

¿Cuántos años han pasado ya?



A veces pensativa me quedo y no me lo ceo hasta que tu voz de psicópata me estremece. Tus manos, tus asquerosas manos me tocan sin pudor, tus manos grasientas, de hombre mayor. No, ahí no por favor. Contengo la respiración, contengo las lágrimas, contengo el pensamiento y ahí quedo; tumbada y desnudada por tus manos, tus asquerosas manos. Y tu lengua, que no es lengua, reptil y áspera, repugnante. No te acerques a mí, no por favor. Mi piel envejece entre tus manos, yo no quiero tu “amor”. Yo soy libre, pura y ¿a eso llamas amor? Déjame volar, saltar desde tu octavo balcón. Déjame, otra vez no por favor, otra vez al frío suelo no, otra vez entre tus piernas no.

-¿Cuántos años han pasado ya?

Paula Fernández Morata © Copyright

domingo, 2 de agosto de 2009

Aliento perdido en la brisa de mis caderas



Aliento perdido
en la brisa de mis caderas



Ayer como hoy, nace mi vientre infértil
a nado de mareas calladas.

Me buscan los amantes donde no supieron.
Y mi enamorado me llora,
me llora ¡Pobre criatura!
sobre la almohada sola
con su cuerpo mutilado...

Hoy no es día para prevenir mis lamentos
ni reprimir enfermedades.
Es un tiempo que no resulta,
que no concuerda.

La insuficiencia de mis ojos para dormirte,
la ansia de mi mano atada a su grillete.

No mueven hojas los mares
y el aire pusilánime cae envejeciendo velas,
cirios llorones
como aquel sauce que mide mis pechos,
como aquel gato que maulla mi partida.

Ya no hay madrugadas, ésta es la última,
como todas,
despertando para continuar muriendo
en un final sin fin.

- Aliento perdido en la brisa de mis caderas-


Paula Fernández Morata © Copyright

martes, 28 de julio de 2009

Acechas mortalidad



A veces la encuentro insinuada bajo el tiempo
sobre la cúspide de un monasterio,
bebiendo las almas inmortales,
cantando un deseo al Infierno,
llamando a su Dios caído del cielo
- con su música desquebrajada-
un ángel oscuro, endemoniado,
temido y alabado por sus ojos dominantes.

Ella, labios perversos de ira recelosa
sonríen a sus pupilas negras;
sonríe criatura de ébano,
tu mirada de niña inocente llora
por sus pezones sangre - plateada-
que cae derramándose por su piel curtida en melodrama
Una Diosa mortal que muere sin amado,
que muere envenenada de su propia sangre
cual alimenta sus órganos y sus días.
Y un Dios que la ha engañado.

Loca de amor, ciega de ambición eterna
lo busca para vengar su muerte próxima.
Quedando reducida a cenizas
sus labios se fundirán en el mar
tiñendo de rojo las olas.
Y de sus ojos, semillas de eternidad,
nacerán de las profundidades dos faros ciegos
para engañar los sentimientos abandonados en alta mar.

Mienten.
¿Quién quiso Inmortalidad?

Paula Fernández Morata © Copyright

Yo quien pregunto

Cayeron mis labios besando el tupido suelo de rencor.
Marchité mis flores de otoño recordando desilusión.
Pero los años se hicieron de rogar a mi favor/contradición
ofreciéndome esto que ocultas vida, grande tu secreto.

Desespero en mis pensamientos,
me arañan sus interrongantes como si no tuviera bastante
con mirar alrededor y no ver más que mierda y más mierda.

¿Quién tuvo valor de mirar a mis ojos y enamorarse?

Y soy yo que miro mis manos y no las comprendo.
Es una falta al tacto, una lágrima de bostezos,
y besos al aire que van donde no lleva a ninguna parte.
Desnuda el alma para el asalto final y tu letra.

¿Quién desmontó las palabras para verlas simples y pequeñas?

Y soy yo que escribo para sonseguir robarme una sonrisa perversa,
o acariciarme tierna, sola, bajo la lluvia que cala el pecho
cuando éste se refugia bajo el cielo partido en mil pedazos.
Ya irreparable.

¿Y dónde van las estrellas cuando mueren?

Yo soy aquel del poema quien se aferra a su cuestión
añorando suspirarla a otro que no sea yo.
El hombre que muere...
Donde voy no habrá existencia

¿Y soy yo luz que para meguar lunas; oscuridad para el sabor a infinito?

Caen mis pecas estrelladas a un suelo desprendido,
no me dejes con una sola piel a soledades,
porque yo no me pertenezco yo soy tuya,
porque soy parte de ti yo soy para ti.

Y porque para mí no soy nada más que lo que nunca vieron otros.
Lo que no pude ser visto por mis ojos,
grande tu secreto.

Nacer para vivir, vivir para morir sonñando.

No me ocultes vida lo que nunca te he pedido
más que por necesidad.

Escribir.
Te escribo a la tierra
que maneja nuestra vibración,
bajo suelo, bajo mar.

Amar.
Te amo hombre y mujer
cuando eres lo que eres
y te dejas querer.

Pintar.
Te pinto teclas y yo sé que os hago sonar,
sonar para escuchar,
escuchar para sentir.

Aun quedo extraña si no me abrazas poeta
con tu mirada rozar mis versos.

¿Querrás que bese tu piel para no sentirme tan sola?

Regálale una marca a mi piel poeta
y descifranemos Universos.

Ahora queda mi silencio,
luego queda tu respiro
marcando tus palabras,
continúa versando poeta
tu respiración en mi piel.




Paula Fernández Morata © Copyright

domingo, 19 de julio de 2009

La lista de Schindler






Se une mi llanto a las almas perdidas del Holocausto,
se marchita la sonrisa ávida de mis labios para reprimir el dolor
que jamás sentiré tanto como los judíos vivieron en su propia carne.
No basta que rememore con ésta música al piano la masacre,
inocencia, hambre, matanza; no bastan palabras.
Disparos a boca jarro, violencia, puñetazos, marginación,
no bastan imágenes.
Acordes desesperados, de tristeza, soledad, esperanza desolada.
Y un violín llorando no bastan, y mi piano desangrado no ahoga el dolor.






Llora,
incertidumbre,
descargan las horas sangre
y no bastan palabras, ni imágenes
ni música.

Cae la llúvia ácida sobre sus ojos inocentes
y el aire putrefacto a muerte
revuelve las almas de angustia.

El gas que axfisia y desespera,
lenguas exasperadas de veneno,
piel corrosiva de metano.

El cielo cubre la vergüenza.
Y se le ve las bragas al mundo,
la tierra llorando su pena.

La insolencia de unos cuerpos dementes,
la carcajada de un hombre sin sentimiento.

El frío que rige los huesos,
la sed que amarga la lengua,
el sol que derrite los sesos.

La falta de un abrigo,
de un cuerpo que abazar,
la falta de un ser querido,
de un amor, de un hijo.

La sangre, sangre y más sanger.
Muerte, dolor, más que dolor.
Y lo último esperanza.

Esperanza.

Silencio, silencio dormido para siempre
y mis labios jamás callarán.

Una lista bastaría para salvar a más de mil doscientas personas
y sólo un hombre;

Oskar Schindler:
- Podría haber salvado dos personas más,
ésto está hecho de oro,
bastaría para salvar al menos a una persona más...
una persona más -.

Que en paz descansen todos
por la eternidad
y quede la memoria
unida a la cruda y reconfortable realidad...

Paula Fernández Morata © Copyright

Música de la Película "La lista de Schindler"
http://www.youtube.com/watch?v=rJNInqZG2XI

sábado, 18 de julio de 2009

Evocación



Descubrí poco a poco que la sustancia con que se hace el amor es una candencia de melodramas, de envidiosas almas prostitutas, de corazones que se desmigajan en sonidos, de labios que no se corresponden en vino.
Vi el odio pintando en mi frente, en días y noches, vi el capricho celoso de una dama que me carcomía el pecho. Vi mis lágrimas enjauladas en lo invisible de un desierto.
Pasé días desapasionados de hambre de sexo, sin curiosidad por lo extravangante que es un cuerpo, pasé noches al aire de mercurio, días de poco coraje para mirarme en el roto espejo.
Fue todo un desgaste de mi sentido para no envejecer.
Pero al fin y al cabo fuiste tú quien me robó las horas y te debo agradecer los momentos sin tiempo. Hoy parece ser que ha vuelto a esfumarse observando la tormenta que cae sobre Madrid.
He visto el suelo, el mundo de alrevés apaciguándo el vértigo colgadada - en mi balcón solitario - de los pies....
Te odiaría más que nunca,
pero pasaste a ser nada.

 
Paula Fernández Morata © Copyright

Esperándome, tal vez, mañana.

En este vicio de mundo desperté con la misma ropa con que anoche me eché a la cama bajo su peso enmascarado. Hoy era un día de esos nublados y grises que tanto adoro. Me tendí contra la pared arrinconada del vacío que tu cuerpo había dejado, anhelando tu mirada de niño mientras yo envejecía en piel y palabras.

Un día. Solamente un día.

Ya no estarías ahí para sostenerme en tus brazos y los días pasaban tras mi ventana baratos. los coches de la avenida buscando su lugar para caminar en un mundo sin fruto ni mordida y los pasos afuera, huecos, como mis palabras.

Devolví la mirada al vacío que dejaste hace ya tantos años y salí a la calle en busca de la estación sin pensar ya ni a lo que iba.

Te marchaste antes de llegar. Un día que llegaste a mis ojos en aquella desolada estación de enero, amado invierno. Chocaron nuestras miradas perdidas en las vías del tren y por fin encontrados me abrazaste sin pedírtelo maquillando tu profunda sonrisa para robarme la mía. No se dejaron rogar las lágrimas derramadas que tus labios concentraron en mi boca. No se hizo de rogar el inviero para prestarnos nuestro propio abrigo en mi cama. Mi piel helada bajo la tuya ardiendo.
Fuimos dos niños traviesos olvidando los años transcurridos sin apenas sentido en aquel desamparado colchón. Recuerdo tu mirada como el primer día que la vi, en otros tiempos más tiernos en los que yo aún muchacha buscaba la manera de robarte los besos y tú unos años mayor evitabas mi mirada. Fue un amor sin medidas en los que nos amamos sin saberlo en silencio.
Comprendiste entre mis brazos algo, que vi reflejado en tu mirada y no pude entender, mientras entrabas en mis entrañas callando tus gemidos en mi boca, ahogando los años, abandonando los pensamientos. No me dejaste escapar de tus brazos, tus manos recorrieron mi piel pidiendo perdón, tus labios me besaron sin descanso escondiendo un adiós, mientras mis ojos derramaban aquellas lágrimas que se congelaron en el tiempo hace diez años.
Despertando para otro día de enero ni tú ni yo estábamos para el encuentro. Tú marchaste con el mismo corazón que me robaste desde pequeña y yo quedé con el amor que cosí en mi piel tan a mi pesar.
Después de estos diez años tendida en la cama olvidándote, he vuelto a recordar aquél único momento en que mi vida tuvo sentido por un miserable día... he vuelto a recordar tu mirada sentada en el vagón mirando tras la ventana sin ver nada más que a ti en mi pensamiento.
He vuelto donde hace diez años te encontré de nuevo con grave y recordado dolor y mentiría si no digo que he vuelto a ver aquella mirada de niño observándome en silencio y esa seriedad que amo reflejada en sus labios...

Esperándome, tal vez, mañana.


Paula Fernández Morata © Copyright


lunes, 13 de julio de 2009

Dies irae, Lacrimosa dies illa

Dies irae
Lacrimosa dies illa




¡Día de ira aquel día
en que los siglos serán reducidos a cenizas!

¡Oh día lleno de lágrimas
aquél que resurgirá del polvo!

Seréname cántico de almas
bajo la luz de retalías,
de misterios, de sombras,
soledades escondidas.

Bajo mi luna aúlla un lobo
y yo estremezco mis alfileres
en mis haraposas ropas
- del infierno - angelicales.

Cae al suelo el cielo manchado de sangre,
se refugia el tormento de un hombre,
se confunden los labios en un cansancio sin memoria.

Llora el día sus muertes,
inocentes, correspondidas,
lágrima cae
como una sola cientos de ellas
en la almohada de soledades.
Son las nubes atrapadas
en mis sábanas infernales.

Aquel ángel que llora
mientras cae me llama,
me llama y me dice algo,
su voz de psicópata
tan atrayente.

Dies irae, dies illa
solvet saeclum in favilla

Lacrimosa dies illa
qua resurget ex favilla

¿Quién no deja escapar
el sol a mi cama?

¿Quién canta ese canto?

¿Quién me arrasta a esta muerte temprana?

¡salva me fons pietatis!*





Paula Fernández Morata © Copyright



domingo, 12 de julio de 2009

A un segundo

A un segundo

A un segundo que respiro,
a un segundo que deliro,
porque la historia de mi vida no está escrita,
porque la historia de mi vida no se acaba.

A un segundo de tu amor,
del odio,
a un segundo de la muerte
porque no es vivida,
ella es eterna.

A un segundo de que me venga,
gritan las gaviotas presagios,
a un segundo de la nada,
ha existido en un calendario.

A un segundo ¡maldito!
yo he abandonado horas,
a un segundo que no es tiempo
he vivido eternidad.

A un segundo del suicidio
he visto mi gran verdad;

Tú,
a sesenta mil segundos de mí.
Por ti y por mí,
y porque el mundo es nuestro.





Desde Creus al Finisterre

"Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa".

Jacinto Benavente.



Desde Creus al finisterre
Fue la cúspide del encuetro forzado
fue la razón de un extraño sacrificio
fue el entonces de un sueño abandonado,
fue por así decirlo
el beso que nos entregó el silencio.

Fue el boli estremecido de amargura
fue un canto deshecho de lenguas
fue un desecho perdido en el agua
fue por así decirlo
un piano perdido entre llamas.

Fue el reflejo macabro en el lago
fue el espejismo de un indio ensagrentado
fue el rostro envenenado de un caucásico
fue por así decirlo
las uñas insolentes clavadas en mis ojos.

Fueron las palabras contentas del enemigo
fue la lluvia que forzó la humedad
fue la tierra rodando por los cielos
fue por así decirlo
la inexistencia de mi mundo irreal.

...

Ahora llama mi cabeza
rodando por los suelos.

La paloma ciega de vuelo
busca su ramillo para fumar,
la boina calada de insultos
reza maldad.

Bajo tus letras he dormido
enrededor de mi piel manchada,
he abrazado tus puntillos,
he besado tu virilidad amada.

Gika,
Creus bene mía dois,
Finis al terre
Lux aeterna.





Paula Fernández Morata © Copyright

martes, 7 de julio de 2009

Un elefante se balanceaba

Un elefante se balanceaba




Un elefante se balanceaba
en la tela de una araña,
solo, sin sol ni luna,
con un cielo desestrellado,
anaranjado y espeso.
Pasaba don Pelotero;
un escarabajo desencantado del mundo.


-¿Dónde va don Pelotero tan rápido por los caminos deshechos?

-A la montaña, en busca de mi pelota de estiércol.

-Usted siempre tan pelotero. Dime, don Escarabajo,

¿por qué esta noche se escondieron los astros?

-Don Pelotero, porque se marchó el Universo.

Pero ya había tomado camino
cuando otra vez se hallaba solo
sin luna ni solanero.
Siguió balanceándose
en la tela de la araña
y vio a una hormiguita que parecía maja.

-¿Dónde vas hormiguita tan desamparada?

-¿Yo desamparada?

¿Y tú tan solitario?

-Hoy no hay astros, el universo se ha marchado.

-¿Y tu mamá, tu papá y tus hermanos?

-Se fueron con ellos ¿y los tuyos, tus hormigueros?

-Andan durmiendo, yo me escapé para observar el cielo.

-¡Pero si no hay Universo! ¿Por qué se habrá marchado?

-¿Y tú que haces en la tela de una araña como esta?

Aaaaah!

Apareció señor Araño
sonriente y apaciguado.

-Buenasss nochesss ¿Qué hacen en mi telaraña?

-Hablando del Universo, se ha marchado.

-¿Quieresss saber porqué elefantito curioso?

-Así es señor Araño.

-Dame a tu amiguita que la cazo y

te diré el porqué se ha marchado.

-¡Ah, me quieres comer malvado!

-No pretenderás que me coma un elefante balanceado.

-Deja a hormiguita en paz señor Araño.

Entre tanto que discutían
y señor Araño negociaba su próximo almuerzo,
se escuchó el cu-cu de los búhos sabios
para dar paso a la madrugada del verano.

-Cu-cu cuando yo era niño cu cuentan que había estrellas,

incluso dos lunas y un sol muy cuco.

Hoy sólo hay una luna,

la otra chocó contra la tierra,

pero hoy no se ve la que queda

pues es menguada, no llena.

Y las estrellas están donde siempre,

algunas vivas, otras muertas,

es la luz del humano que nos tapó

la propia luz de las estrellas.

***



Un elefante se balanceaba en la tela de una araña
y como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante
-ELEFANTE, ELEFANTEEE!


-PUM!




Paula Fernández Morata © Copyright

sábado, 27 de junio de 2009

Testamento de Beethoven

Laberintos e Infinitos


Testamento de Beethoven.
Ludwig van Beethoven
Heiglnstadt, 6 de octubre de 1802

A mis hermanos Carl y Johann

«¡Oh semejantes míos, que me toman o que
me denuncian, como triste, malhumorado, o mezqui-
no, qué gran mal me hacen! No saben la causa secre-
ta de lo que me hace presentar tal aspecto. Mi cora-
zón y mi disposición desde mi niñez, se inclinaban ha-
cia los sentimientos tiernos de la buena voluntad y yo
siempre me inclinaba hacia las grandes acciones, pero
consideren que durante seis años yo he caído bajo
una condición incurable y empeorada por médicos in-
sensatos, engañado durante años con una esperanza
de mejoría y finalmente expuesto a la contemplación
de una dolencia duradera, la curación de la cual podrá llevar años o tal vez sea imposible.
Nacido con un temperamento ardiente y lleno de vida, incluyendo una disposi-
ción de entretener a la sociedad. A temprana edad tuve que aislarme para vivir una vida
solitaria. Si a veces trataba yo de pasar por alto todo esto, qué grande golpe fue el de
experimentar las deficiencias de mi oído; más aún no me era posible pedir a las personas
«que hablaran más fuerte, que gritaran, porque yo era sordo». De qué manera debía yo
admitir la debilidad en uno de los sentidos que debía haber sido más perfecto para mí que
en otros; un sentido que yo antes poseía en la mayor perfección, una perfección como
pocos de mi profesión hayan experimentado ¡Oh, no lo puedo hacer! Perdónenme en-
tonces si me ven alejarme cuando debía estar allegándome al mundo.
Mi infortunio me da un dolor doble cuando trato de hacer que otros comprendan.
La recreación en la sociedad humana, los pasajes más deleitables de la conversación, las
confidencias; ninguna de estas cosas es para mí; ya sólo, nada menos que las exigencias
más grandes pueden lograr que yo me exponga a la vida social. Yo tengo que vivir como
un exiliado; si estoy en compañía de otros, cae sobre mí un terrible temor, el temor de que
lleguen a saber de mi condición. Así ha sido durante estos últimos seis meses que he
pasado en el campo, bajo órdenes de mi buen médico, en los que he tratado de proteger
todo lo posible mi oído. Su prescripción concordó con lo que ha llegado a ser casi natural
para mí, aunque a veces por mis deseos de asociarme con otros me he dejado engañar;
pero qué humillación cuando alguien parado junto a mí oía una flauta y yo nada oía, o
un paseo por el quéhacer
cuando alguien oía al pastor en su canto y de nuevo yo nada oía. Varias veces llegué casi
a la desesperación; un poco más y hubiera puesto fin a mi vida. Fue mi arte lo único que
me detuvo; parecía imposible partir de este mundo sin dar a saber todo lo que sentía en
mí; y así es que volví a encaminarme por esta desdichada vida; un cuerpo tan sensible que
un cambio un poco repentino puede alterar mi estado de muy bien a muy mal.
Paciencia (esa es la palabra, ella es la que tengo que tomar como mi guía; lo he
hecho) espero que mi resolución de perdurar sea constante, hasta que los inexorables
faros corten el hilo. Puede ser que las cosas mejoren, pero puede ser que no; estoy
preparado (tan pronto en mi año 28 de vida se me exige volverme filósofo; no es fácil;
más difícil para un artista que para cualquier otro. Oh Dios, Tú ves hasta mis entrañas. Tú
me conoces, Tú sabes que el amor hacia el hombre y la inclinación a la beneficencia
moran dentro de mí. Oh mis semejantes, cuando posteriormente lean esto, crean que me
han hecho mal; y el desafortunado que se consuele encontrándose un compañero en la
mala fortuna, quien, a pesar de todos los obstáculos naturales, no ha dejado de hacer
todo lo que esté a su alcance para formar filas con los artistas y los buenos hombres)»
Entonces se dirige a sus hermanos: «mi deseo es que tengan mejor vida que yo, con
menos preocupaciones: Exhorten a sus hijos a la virtud, esto solamente puede traer la
felicidad, no el dinero, yo hablo de la experiencia; aquello fue lo que me sostuvo aun en la
miseria, a aquello y a mi corazón tengo que agradecer que no haya terminado mi vida con
el suicidio.
Adiós, ámense los unos a los otros. Doy gracias a todos mis amigos, especial-
mente al Príncipe Lichnowski y al Profesor Schmidt. Yo quiero que los instrumentos del
Príncipe Lichnowski permanezcan bajo el cuidado de alguno de ustedes, pero que no
haya contiendas entre ustedes acerca de ellos; únicamente cuando les puedan ayudar a
lograr algo más útil, véndanlos sin demora.
Qué gozoso estaré si aun bajo la tierra puedo serles útil .Que sea con gozo que
yo apresuradamente camine hacia la muerte y la vea cara a cara. Si viene antes que yo
haya tenido la oportunidad de desenvolver todas mis capacidades artísticas, a pesar de
mi dura suerte, vendrá demasiado pronto, y yo seguramente desearé que venga más
tarde, pero aún así estoy contento ¿Acaso no me libra de un estado de sufrimiento
incesante? Ven cuando quieras, yo te haré frente con valor.
Adiós y no me olviden del todo en la muerte, yo merezco esto de ustedes, de
quienes en mi vida he pensado con frecuencia, deseándoles felicidad ¡Que así sea!»

viernes, 5 de junio de 2009

Lo sabía

Él sabía que tenía que vivir con ella

y el paso de los años

hacían hincapié en su forma de verla.

Sabía que los libros

se instalaron en su cabeza,

la poesía fue escapatoria

pero hicieron romper su promesa.

¡Cómo iba a olvidar su nombre

si la escribió en el olvido para recordarla!

Se hacía vieja, se deterioraba,

pero allí permanecía; callada.

Ni una palabra derramó para él.

Después de tanto tiempo

no había nada que hacer.

Su mente moría; aquel otro mundo,

aquella vida que un día escribió

quedó envuelta de páginas en blanco,

y en blanco escape de delirio

moría yo.

12-abril-09

Paula Fernández Morata © Copyright

lunes, 1 de junio de 2009

Hacia el corazón de la tierra


Hacia el corazón de la tierra
(26-abril-09)



Era un día cualquiera
de un cualquier año
era un amanecer incierto
tras el espejo
de sus ojos cerrados.
Se miraba
y en lo profundo veía
sin rostro su cara,
sin mirada sus ojos,
sus labios sin magia,
el pelo alborotado
sin gracia,
su cuerpo arañado
blanco sin perla,
extrañamente amante
de los retratos olvidados,
escondidos en el pasado.

La miraron aquellos ojos,
la miraron con odio,
saboreándolo en sus labios
de quien amaba
y había adorado,
y le escupía en la cara
con indiferencia,
aborrecimiento en su costado.
Le había fulminado
como el gas metano.
Le había abofeteado su rostro
con sus gestos enfrentados.
Le dolía la piel
con un simple y suave tacto,
el aliento se había desecho
tras su desgarrado pecho,
el cigarrillo quemaba sus pulmones
consumiendo el recuerdo,
y sus ojos lloraban sangre
como si los hubiesen taladrado.

Gris era aquel amanecer.
Había llovido tierra
por el viento transportado
de un Sahara perdido
entre sus dunas de mares.
Se levantó con un suave deslizamiento
abriendo puertas
y saliendo de su escándalo
de días y noches
en los que le había amado.
La calle la llamaba,
salió a su paso…
perdiéndose,
encontrándose,
llorando
en silencio
como un rayo de sol
que se deja ver
pero en silencio.

Se miró en un charco,
el cielo pareció iluminarle
y las campanas de las doce
sonaron, despertándola
de su embriagado estado.
Y era tarde,
y era temprano,
con un adiós para siempre
y como nunca un jamás,
llamó a su pasado,
a la lluvia, a la tierra,
a su madre,
a sus mariposas hechizadas
a su locura amante.

Fue recorriendo cada calle
bajando cuestas
perdiéndose en otras tales.
No había nadie,
ni almas,
desierta estaba habitada
por la nada,
por parajes y mansiones
que la llenaban de magia.

La brisa del mar la acarició
sintiendo aquel frío acogedor
después de semanas
bajo el fuego abrasador.
Y la sonrisa pareció volver
hallándose entre las aguas
de sus corrientes, de su playa.
Cayó al hondo del puerto
se encontró con sus amigos
los arrecifes de su alma,
los corales ensangrentados
los peces de la nada.
La luz se coló por el mar,
las burbujas ascendieron
en llamada de paz
mientras sus pulmones
se llenaban de agua
y dejaba de respirar.

Ese día se rió como nunca
y yo ahora reía a su muerte.

Aquel día que no era incierto
me dijo sin saberlo
que su secreto
para siempre
con ella se marchaba.

Paula Fernández Morata © Copyright