Artes

Artes - Blog dedicado a la poesía, música y fotografía

Paula Fernández Morata
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martes, 28 de julio de 2009

Acechas mortalidad



A veces la encuentro insinuada bajo el tiempo
sobre la cúspide de un monasterio,
bebiendo las almas inmortales,
cantando un deseo al Infierno,
llamando a su Dios caído del cielo
- con su música desquebrajada-
un ángel oscuro, endemoniado,
temido y alabado por sus ojos dominantes.

Ella, labios perversos de ira recelosa
sonríen a sus pupilas negras;
sonríe criatura de ébano,
tu mirada de niña inocente llora
por sus pezones sangre - plateada-
que cae derramándose por su piel curtida en melodrama
Una Diosa mortal que muere sin amado,
que muere envenenada de su propia sangre
cual alimenta sus órganos y sus días.
Y un Dios que la ha engañado.

Loca de amor, ciega de ambición eterna
lo busca para vengar su muerte próxima.
Quedando reducida a cenizas
sus labios se fundirán en el mar
tiñendo de rojo las olas.
Y de sus ojos, semillas de eternidad,
nacerán de las profundidades dos faros ciegos
para engañar los sentimientos abandonados en alta mar.

Mienten.
¿Quién quiso Inmortalidad?

Paula Fernández Morata © Copyright

Yo quien pregunto

Cayeron mis labios besando el tupido suelo de rencor.
Marchité mis flores de otoño recordando desilusión.
Pero los años se hicieron de rogar a mi favor/contradición
ofreciéndome esto que ocultas vida, grande tu secreto.

Desespero en mis pensamientos,
me arañan sus interrongantes como si no tuviera bastante
con mirar alrededor y no ver más que mierda y más mierda.

¿Quién tuvo valor de mirar a mis ojos y enamorarse?

Y soy yo que miro mis manos y no las comprendo.
Es una falta al tacto, una lágrima de bostezos,
y besos al aire que van donde no lleva a ninguna parte.
Desnuda el alma para el asalto final y tu letra.

¿Quién desmontó las palabras para verlas simples y pequeñas?

Y soy yo que escribo para sonseguir robarme una sonrisa perversa,
o acariciarme tierna, sola, bajo la lluvia que cala el pecho
cuando éste se refugia bajo el cielo partido en mil pedazos.
Ya irreparable.

¿Y dónde van las estrellas cuando mueren?

Yo soy aquel del poema quien se aferra a su cuestión
añorando suspirarla a otro que no sea yo.
El hombre que muere...
Donde voy no habrá existencia

¿Y soy yo luz que para meguar lunas; oscuridad para el sabor a infinito?

Caen mis pecas estrelladas a un suelo desprendido,
no me dejes con una sola piel a soledades,
porque yo no me pertenezco yo soy tuya,
porque soy parte de ti yo soy para ti.

Y porque para mí no soy nada más que lo que nunca vieron otros.
Lo que no pude ser visto por mis ojos,
grande tu secreto.

Nacer para vivir, vivir para morir sonñando.

No me ocultes vida lo que nunca te he pedido
más que por necesidad.

Escribir.
Te escribo a la tierra
que maneja nuestra vibración,
bajo suelo, bajo mar.

Amar.
Te amo hombre y mujer
cuando eres lo que eres
y te dejas querer.

Pintar.
Te pinto teclas y yo sé que os hago sonar,
sonar para escuchar,
escuchar para sentir.

Aun quedo extraña si no me abrazas poeta
con tu mirada rozar mis versos.

¿Querrás que bese tu piel para no sentirme tan sola?

Regálale una marca a mi piel poeta
y descifranemos Universos.

Ahora queda mi silencio,
luego queda tu respiro
marcando tus palabras,
continúa versando poeta
tu respiración en mi piel.




Paula Fernández Morata © Copyright

domingo, 19 de julio de 2009

La lista de Schindler






Se une mi llanto a las almas perdidas del Holocausto,
se marchita la sonrisa ávida de mis labios para reprimir el dolor
que jamás sentiré tanto como los judíos vivieron en su propia carne.
No basta que rememore con ésta música al piano la masacre,
inocencia, hambre, matanza; no bastan palabras.
Disparos a boca jarro, violencia, puñetazos, marginación,
no bastan imágenes.
Acordes desesperados, de tristeza, soledad, esperanza desolada.
Y un violín llorando no bastan, y mi piano desangrado no ahoga el dolor.






Llora,
incertidumbre,
descargan las horas sangre
y no bastan palabras, ni imágenes
ni música.

Cae la llúvia ácida sobre sus ojos inocentes
y el aire putrefacto a muerte
revuelve las almas de angustia.

El gas que axfisia y desespera,
lenguas exasperadas de veneno,
piel corrosiva de metano.

El cielo cubre la vergüenza.
Y se le ve las bragas al mundo,
la tierra llorando su pena.

La insolencia de unos cuerpos dementes,
la carcajada de un hombre sin sentimiento.

El frío que rige los huesos,
la sed que amarga la lengua,
el sol que derrite los sesos.

La falta de un abrigo,
de un cuerpo que abazar,
la falta de un ser querido,
de un amor, de un hijo.

La sangre, sangre y más sanger.
Muerte, dolor, más que dolor.
Y lo último esperanza.

Esperanza.

Silencio, silencio dormido para siempre
y mis labios jamás callarán.

Una lista bastaría para salvar a más de mil doscientas personas
y sólo un hombre;

Oskar Schindler:
- Podría haber salvado dos personas más,
ésto está hecho de oro,
bastaría para salvar al menos a una persona más...
una persona más -.

Que en paz descansen todos
por la eternidad
y quede la memoria
unida a la cruda y reconfortable realidad...

Paula Fernández Morata © Copyright

Música de la Película "La lista de Schindler"
http://www.youtube.com/watch?v=rJNInqZG2XI

sábado, 18 de julio de 2009

Evocación



Descubrí poco a poco que la sustancia con que se hace el amor es una candencia de melodramas, de envidiosas almas prostitutas, de corazones que se desmigajan en sonidos, de labios que no se corresponden en vino.
Vi el odio pintando en mi frente, en días y noches, vi el capricho celoso de una dama que me carcomía el pecho. Vi mis lágrimas enjauladas en lo invisible de un desierto.
Pasé días desapasionados de hambre de sexo, sin curiosidad por lo extravangante que es un cuerpo, pasé noches al aire de mercurio, días de poco coraje para mirarme en el roto espejo.
Fue todo un desgaste de mi sentido para no envejecer.
Pero al fin y al cabo fuiste tú quien me robó las horas y te debo agradecer los momentos sin tiempo. Hoy parece ser que ha vuelto a esfumarse observando la tormenta que cae sobre Madrid.
He visto el suelo, el mundo de alrevés apaciguándo el vértigo colgadada - en mi balcón solitario - de los pies....
Te odiaría más que nunca,
pero pasaste a ser nada.

 
Paula Fernández Morata © Copyright

Esperándome, tal vez, mañana.

En este vicio de mundo desperté con la misma ropa con que anoche me eché a la cama bajo su peso enmascarado. Hoy era un día de esos nublados y grises que tanto adoro. Me tendí contra la pared arrinconada del vacío que tu cuerpo había dejado, anhelando tu mirada de niño mientras yo envejecía en piel y palabras.

Un día. Solamente un día.

Ya no estarías ahí para sostenerme en tus brazos y los días pasaban tras mi ventana baratos. los coches de la avenida buscando su lugar para caminar en un mundo sin fruto ni mordida y los pasos afuera, huecos, como mis palabras.

Devolví la mirada al vacío que dejaste hace ya tantos años y salí a la calle en busca de la estación sin pensar ya ni a lo que iba.

Te marchaste antes de llegar. Un día que llegaste a mis ojos en aquella desolada estación de enero, amado invierno. Chocaron nuestras miradas perdidas en las vías del tren y por fin encontrados me abrazaste sin pedírtelo maquillando tu profunda sonrisa para robarme la mía. No se dejaron rogar las lágrimas derramadas que tus labios concentraron en mi boca. No se hizo de rogar el inviero para prestarnos nuestro propio abrigo en mi cama. Mi piel helada bajo la tuya ardiendo.
Fuimos dos niños traviesos olvidando los años transcurridos sin apenas sentido en aquel desamparado colchón. Recuerdo tu mirada como el primer día que la vi, en otros tiempos más tiernos en los que yo aún muchacha buscaba la manera de robarte los besos y tú unos años mayor evitabas mi mirada. Fue un amor sin medidas en los que nos amamos sin saberlo en silencio.
Comprendiste entre mis brazos algo, que vi reflejado en tu mirada y no pude entender, mientras entrabas en mis entrañas callando tus gemidos en mi boca, ahogando los años, abandonando los pensamientos. No me dejaste escapar de tus brazos, tus manos recorrieron mi piel pidiendo perdón, tus labios me besaron sin descanso escondiendo un adiós, mientras mis ojos derramaban aquellas lágrimas que se congelaron en el tiempo hace diez años.
Despertando para otro día de enero ni tú ni yo estábamos para el encuentro. Tú marchaste con el mismo corazón que me robaste desde pequeña y yo quedé con el amor que cosí en mi piel tan a mi pesar.
Después de estos diez años tendida en la cama olvidándote, he vuelto a recordar aquél único momento en que mi vida tuvo sentido por un miserable día... he vuelto a recordar tu mirada sentada en el vagón mirando tras la ventana sin ver nada más que a ti en mi pensamiento.
He vuelto donde hace diez años te encontré de nuevo con grave y recordado dolor y mentiría si no digo que he vuelto a ver aquella mirada de niño observándome en silencio y esa seriedad que amo reflejada en sus labios...

Esperándome, tal vez, mañana.


Paula Fernández Morata © Copyright


lunes, 13 de julio de 2009

Dies irae, Lacrimosa dies illa

Dies irae
Lacrimosa dies illa




¡Día de ira aquel día
en que los siglos serán reducidos a cenizas!

¡Oh día lleno de lágrimas
aquél que resurgirá del polvo!

Seréname cántico de almas
bajo la luz de retalías,
de misterios, de sombras,
soledades escondidas.

Bajo mi luna aúlla un lobo
y yo estremezco mis alfileres
en mis haraposas ropas
- del infierno - angelicales.

Cae al suelo el cielo manchado de sangre,
se refugia el tormento de un hombre,
se confunden los labios en un cansancio sin memoria.

Llora el día sus muertes,
inocentes, correspondidas,
lágrima cae
como una sola cientos de ellas
en la almohada de soledades.
Son las nubes atrapadas
en mis sábanas infernales.

Aquel ángel que llora
mientras cae me llama,
me llama y me dice algo,
su voz de psicópata
tan atrayente.

Dies irae, dies illa
solvet saeclum in favilla

Lacrimosa dies illa
qua resurget ex favilla

¿Quién no deja escapar
el sol a mi cama?

¿Quién canta ese canto?

¿Quién me arrasta a esta muerte temprana?

¡salva me fons pietatis!*





Paula Fernández Morata © Copyright



domingo, 12 de julio de 2009

A un segundo

A un segundo

A un segundo que respiro,
a un segundo que deliro,
porque la historia de mi vida no está escrita,
porque la historia de mi vida no se acaba.

A un segundo de tu amor,
del odio,
a un segundo de la muerte
porque no es vivida,
ella es eterna.

A un segundo de que me venga,
gritan las gaviotas presagios,
a un segundo de la nada,
ha existido en un calendario.

A un segundo ¡maldito!
yo he abandonado horas,
a un segundo que no es tiempo
he vivido eternidad.

A un segundo del suicidio
he visto mi gran verdad;

Tú,
a sesenta mil segundos de mí.
Por ti y por mí,
y porque el mundo es nuestro.





Desde Creus al Finisterre

"Cuando no se piensa lo que se dice es cuando se dice lo que se piensa".

Jacinto Benavente.



Desde Creus al finisterre
Fue la cúspide del encuetro forzado
fue la razón de un extraño sacrificio
fue el entonces de un sueño abandonado,
fue por así decirlo
el beso que nos entregó el silencio.

Fue el boli estremecido de amargura
fue un canto deshecho de lenguas
fue un desecho perdido en el agua
fue por así decirlo
un piano perdido entre llamas.

Fue el reflejo macabro en el lago
fue el espejismo de un indio ensagrentado
fue el rostro envenenado de un caucásico
fue por así decirlo
las uñas insolentes clavadas en mis ojos.

Fueron las palabras contentas del enemigo
fue la lluvia que forzó la humedad
fue la tierra rodando por los cielos
fue por así decirlo
la inexistencia de mi mundo irreal.

...

Ahora llama mi cabeza
rodando por los suelos.

La paloma ciega de vuelo
busca su ramillo para fumar,
la boina calada de insultos
reza maldad.

Bajo tus letras he dormido
enrededor de mi piel manchada,
he abrazado tus puntillos,
he besado tu virilidad amada.

Gika,
Creus bene mía dois,
Finis al terre
Lux aeterna.





Paula Fernández Morata © Copyright

martes, 7 de julio de 2009

Un elefante se balanceaba

Un elefante se balanceaba




Un elefante se balanceaba
en la tela de una araña,
solo, sin sol ni luna,
con un cielo desestrellado,
anaranjado y espeso.
Pasaba don Pelotero;
un escarabajo desencantado del mundo.


-¿Dónde va don Pelotero tan rápido por los caminos deshechos?

-A la montaña, en busca de mi pelota de estiércol.

-Usted siempre tan pelotero. Dime, don Escarabajo,

¿por qué esta noche se escondieron los astros?

-Don Pelotero, porque se marchó el Universo.

Pero ya había tomado camino
cuando otra vez se hallaba solo
sin luna ni solanero.
Siguió balanceándose
en la tela de la araña
y vio a una hormiguita que parecía maja.

-¿Dónde vas hormiguita tan desamparada?

-¿Yo desamparada?

¿Y tú tan solitario?

-Hoy no hay astros, el universo se ha marchado.

-¿Y tu mamá, tu papá y tus hermanos?

-Se fueron con ellos ¿y los tuyos, tus hormigueros?

-Andan durmiendo, yo me escapé para observar el cielo.

-¡Pero si no hay Universo! ¿Por qué se habrá marchado?

-¿Y tú que haces en la tela de una araña como esta?

Aaaaah!

Apareció señor Araño
sonriente y apaciguado.

-Buenasss nochesss ¿Qué hacen en mi telaraña?

-Hablando del Universo, se ha marchado.

-¿Quieresss saber porqué elefantito curioso?

-Así es señor Araño.

-Dame a tu amiguita que la cazo y

te diré el porqué se ha marchado.

-¡Ah, me quieres comer malvado!

-No pretenderás que me coma un elefante balanceado.

-Deja a hormiguita en paz señor Araño.

Entre tanto que discutían
y señor Araño negociaba su próximo almuerzo,
se escuchó el cu-cu de los búhos sabios
para dar paso a la madrugada del verano.

-Cu-cu cuando yo era niño cu cuentan que había estrellas,

incluso dos lunas y un sol muy cuco.

Hoy sólo hay una luna,

la otra chocó contra la tierra,

pero hoy no se ve la que queda

pues es menguada, no llena.

Y las estrellas están donde siempre,

algunas vivas, otras muertas,

es la luz del humano que nos tapó

la propia luz de las estrellas.

***



Un elefante se balanceaba en la tela de una araña
y como veía que no se caía fue a llamar a otro elefante
-ELEFANTE, ELEFANTEEE!


-PUM!




Paula Fernández Morata © Copyright